domingo, 14 de junio de 2009

Saludo del Profesor Jorge


Queridas estudiantes, en este mes del Sagrado Corazón de Jesús, reciban un cordial saludo en Cristo y María, me es muy grato dirigirme a ustedes y juntos logremos en este trabajo mutuo agradar a Dios y con esto alcanzar nuestra Salvación.

Jesús nos reveló que Dios es amor "no en la unidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia" Dios es Creador y Padre misericordioso; es Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación final. Tres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente.

Lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—. En todo lo que existe está grabado, en cierto sentido, el "nombre" de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación, y así se trasluce el Dios-relación, se trasluce en última instancia el Amor creador. Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor, naturalmente con grados diversos de conciencia y libertad.

"¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!" (Sal 8, 2), exclama el salmista. Hablando del "nombre", la Biblia indica a Dios mismo, su identidad más verdadera, identidad que resplandece en toda la creación, donde cada ser, por el mismo hecho de existir y por el "tejido" del que está hecho, hace referencia a un Principio trascendente, a la Vida eterna e infinita que se entrega; en una palabra, al Amor. "En él —dijo san Pablo en el Areópago de Atenas— vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28). La prueba más fuerte de que hemos sido creados a imagen de la Trinidad es esta: sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Utilizando una analogía sugerida por la biología, diríamos que el ser humano lleva en su "genoma" la huella profunda de la Trinidad, de Dios-Amor.

La Virgen María, con su dócil humildad, se convirtió en esclava del Amor divino: aceptó la voluntad del Padre y concibió al Hijo por obra del Espíritu Santo. En ella el Omnipotente se construyó un templo digno de él, e hizo de ella el modelo y la imagen de la Iglesia, misterio y casa de comunión para todos los hombres. Que María, espejo de la Santísima Trinidad, nos ayude a crecer en la fe en el misterio trinitario.

Entregemos pues a Dios nuestros problemas y avatares, Jesús nos dará fuerzas para continuar y el Espiritu Santo nos protegerá en nuestras acciones. Recuerde siempre que los actos que llevan a Dios son actos de amor y usted al ser creatura de Dios debe dirigirse a este, tomando el ejemplo de María Santísima abandonémonos en Dios y seamos dignos de llamarnos sus Hijos. No se olvide que no estaremos en sintonia plena con Dios si no asistimos a la Celebración liturgica del domingo, les invito pues a asistir este domingo a misa y asi encontrarse con Jesús Eucarística para que su semana sea bendita y por sus actos todas las personas que están a su alrededor.

Que Dios las Bendiga y las Cuide

Prof. Jorge Anibal Rodriguez Huayna

Prof de Educación Religiosa IE Andrea Valdivieso de Melgar